jueves, 22 de mayo de 2008

22.05.08

Fuente: La Opinión. Fotos: Claudio F. de la Cal.

Siete valientes evitan la tragedia


"Manzanero" se queda suelto con veinte metros de maroma tras romperse la soga en la salida, lo que obliga a los corredores a sujetar a la res enrollando la cuerda en una farola

El toro es atado a una farola a veinte metros del toril después de que se partiera la maroma Foto Claudio F. de la Cal.



El bravo astado de "Puerto de Calderilla" fue devuelto al toril después de media hora de desgaste, volvió a la calle tras ser ensogado de nuevo y llegó a la plaza de la Madera donde fue apuntillado

REDACCIÓN. Siete valientes evitaron que "Manzanero", el Enmaromado de 2008, protagonizase una tragedia nada más salir del toril. Con apenas veinte metros de soga, tal vez menos, contuvieron al bravo de "Puerto de Calderilla" enroscando el resto de cuerda en una farola y tirando de ella durante diez minutos, hasta que se pudo colocar el cabo de otra maroma en las testud del animal reduciendo el peligro.Su providencial actuación, en apenas unos segundos, evitó seguramente una desgracia de proporciones incalculables. En los dos extremos de la calle de las Eras, en parte ajenos a lo que estaba ocurriendo, centenares de personas, entre ellas niños y ancianos, conformaban una masa de público sin salvaguarda alguna ante la presencia de "Manzanero". Durante diez minutos, exponiéndose a las embestidas del animal, lograron mantenerlo controlado.

El astado de la ganadería de Moisés Fraile había saltado puntualmente a la arena con cuatro tranquilas zancadas, se lanzó al trote hacia la querencia y seguidamente encauzó brioso la subida hacia la calle del Toril. Entonces giró sus cuartos traseros, arrolló a un corredor, comprometió a unos cuantos más y volvió a reconducir el trote. La espectacular salida del encastado cuatreño, enérgica y fiera, se hubiera quedado en eso, en una salida brava y briosa dentro de una carrera recién comenzada y de futuro aún incierto. Pero esto no ocurrió. La maroma se rompió en seco. "Manzanero dio la vuelta, cabeceó buscando, y volvió sobre sus pasos buscando la querencia. El animal debió sentir desconcierto al notar que la presión de la cuerda se aliviaba, un desconcierto similar al que cundió entre los corredores y entre el público que pronto se convirtió en estremecimiento.
Dos consideraciones parecen obvias. "Manzanero" tuvo un comportamiento noble. No se apreció ningún rasgo de toro "avisado". No buscó para cornear ni tampoco se lanzó al bulto. El segundo factor lo protagonizaron siete corredores. Agarrando el cabo de maroma, contuvieron los 550 kilos de bravura del animal hasta conducirlo a una farola. Con tres vueltas de cuerda y tirando con fuerza, lograron con riesgo inmovilizarlo.A partir de que, valiéndose de un pequeño arpón, le colocasen al animal una segunda maroma, se produjo una discusión intensa sobre qué hacer. Los enmaromadores no eran partidarios de devolver el animal al toril. Algunos corredores defendieron esta solución. Durante un tiempo hubo una discusión en la que participó el alcalde, Saturnino Mañanes, que terminó por ordenar que "Manzanero" entrase de nuevo en el toril fuese de nuevo enmaromado y volviese a saltar a la calle.
Entretanto "Manzanero" derrochaba toda su fuerza, con la testud retorcida sobre la farola, por su propia bravura. Los corredores intentaron ayudarle cuanto pudieron, pero el astado se estaba rompiendo por pura casta.Finalmente, con una soga tensada hacia el toril, y con la recuperada por los corredores y anudada a otra maroma, cediendo el amarre de la farola, "Manzanero" entró de nuevo en el chiquero.

En un tiempo récord se le colocó una nueva soga, se decidió lanzar una sola bomba y el de "Puerto de Calderilla" volvió a saltar a la arena. Esta segunda salida no resultó tan briosa. Aunque aparentemente entero, el desgaste que había sufrido durante media hora comenzaría pronto a pasar factura al animal.Con paso apagado tardó "Manzanero" en llegar a Cortes Leonesas y Pasaje, más aún en entrar y recorrer la calle de La Rúa. La Concejalía de Festejos decidió utilizar la argolla de la plaza de La Madera para apuntillarlo. El dispositivo de Guardia Civil y Policía Local tratando de agrandar el espacio del bravo llegó a resultar difícil de mantener.
El público quería aproximarse todo lo posible para ver al astado, que finalmente a cubierto de miradas por una lona, paso a mejor vida a las nueve de la noche.